Shile Shilaca a osho oshenta: Delicias, Chihuahua

“Al llegar a cada nueva ciudad el viajero encuentra un pasado suyo que ya no sabía que tenía: la extrañeza de lo que no eres o no posees más te espera al paso en los lugares extraños y no poseídos”

Italo Calvino (1923-1985) Escritor italiano.

Mi primera vez en un avión, sean tolerantes

  • Lugar: Delicias, Chihuahua
  • Fecha: Septiembre-2010
  • Cliente: AG
  • ¿Qué hace?: Empaca chiles en vinagre y salsa verde en bolsitas

La historia comienza en una tarde nublada de otoño, la estela de luz se asomaba por la débil persiana en mi antigua oficina, un día como cualquier otro, excepto por un detalle: ese día me mandarían por primera vez en un avión, el primero en el trabajo, al igual que el primero en mi vida.

Las palabras del jefe fueron claras: hay que hacer el trabajo en una semana y no puedes sólo (refiriéndose a un compañero de mayor experiencia), llévate al nuevo….48 horas después estaba librando una batalla interminable por quitarme los zapatos a tiempo para no retrasar la fila de incautos formados atrás de mi en la aduana del aeropuerto de la ciudad de México.

Era mi primera vez en un avión, así que me tomó por sorpresa todo lo que incluye surcar los cielos en un ave de metal, desde la bienvenida al aeropuerto por un cartel de telefonía que vendía todo menos teléfonos, hasta los pequeños detalles de ver el ocaso por primera vez a miles de metros en el firmamento, con un dejo de sueño y otro de emoción disfrazada de indiferencia.

El objetivo del viaje era muy sencillo, ya que se disponía de una semana para limpiar dos máquinas que empacaban chiles jalapeño en rodajas, limpiar, ¿eso es todo?, ¿para eso se necesitan cuatro ingenieros trabajando todo el día durante una semana completa?, yo lo consideraba risible, mientras que se veía en la cara de mi compañero (y en los otros dos que se nos unirían una vez aterrizando) una angustia debido a que el tiempo nos comía vivos….y yo viviendo en mi utopía.

Desde que llegue lo que se me hizo más notorio fue el acento de la gente, era un ceceo muy marcado que hacía arrastrar la letra “c” hasta sonar como una “s” camuflada, por lo que la comunicación y el hecho de que todos te digan que hablas raro hacía que el servicio tuviera tintes de desconcierto por donde lo vieras.

Después de descansar la primera noche en un hotel que yo me atrevería a catalogar como “de paso” (ya que ni los insectos más exigentes se quedaban en este tipo de habitaciones), empezamos con el arduo trabajo de habilitar lo destrozado por el tiempo y la falta de atención del usuario, limpiar años de descuido combinado con una gruesa capa de vinagre y Dios sabe que otras cosas tenía esos equipos, pero eso si, se tenían que dejar como nuevos, o lo más cercano a la perfección, ya que un error de milímetros en el ajuste representaría un atraso de miles en la producción del día a día.

La comida era un arma de dos filos, ya que aunque se comía delicioso por aquellos rumbos norteños, después de una semana siendo alimentado a base de burritos de asada y tacos de machaca, añoras comer algo que lleve lechuga, fuera de una hamburguesa triste y desabrida que provee un payaso bicolor con una mirada carente de alma.

Finalmente la fecha de entrega de cumplió, ¿acabamos el trabajo?…..¡claro que no!, paso todo lo que no tenía que pasar: la luz nos fallo a media semana y no podíamos trabajar más que con cascos de minero en la penumbra de pasillos interminables llenos de chiles listos a empacarse, los tornillos estaban tan desgastados que al más mínimo esfuerzo se partían al igual de nuestras esperanzas de salir temprano aunque sea un sólo día, las piezas que mandamos con un tercero para reparar fueron perdidas por el aprendiz del mismo, y la belleza desoladora del desierto en donde estábamos nos recordaba que eramos una pequeña pieza en el engranaje de este tipo de empresas frías y sin corazón, eres un número, eres una herramienta para un fin, eres importante pero no indispensable, los clientes no celebran tus aciertos, se aprovechan de tus fallas para menospreciar el trabajo y la dedicación que le pones en ello, aunque claro, no todos son iguales, como me daría cuenta más adelante.

Al llegar a mi fría y querida tierra, después de soportar temperaturas extremas, trabajar en penumbras parciales 15 horas diarias, y sentir como el colesterol hacía de las suyas en mi sangre, lo que puedo rescatar es que los viajes de negocios no son como me los había imaginado, y esto era solo el comienzo…..

Saludos mis estimados

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